Convertirse en un discípulo de Jesús requiere sacrificio, decisiones difíciles y la voluntad de ser transformado constantemente. Vestirse del “nuevo yo” en Cristo demanda cambio y perseverancia. Pocas son las personas que pueden saber más de este tema que la madre de Jesús, María.

La historia de María nos brinda un genial modelo para aprender y reforzar nuestro compromiso con una vida de discipulado. Dios nos enseña tanto a través de la vida de una futura novia que pasa a ser una soltera milagrosamente embarazada. Una jovencita que después es conocida como “la madre de Dios”.

La vida de María nos muestra como alguien puede pasar de ser “la madre de Dios” a “hija de Dios. Ella pasó de criar, guiar y cuidar a Jesús a seguir sus enseñanzas, conocer la voluntad del padre a través de sus palabras y obedecer con fervor y devoción.

Una historia de humildad y fe

Sin duda alguna, la historia de esta mujer muestra una transformación que requiere una gran medida de fe y humildad. No me malinterpretes, la vida de María no es perfecta… estoy seguro de que más de una madre moderna se ha escandalizado al leer Lucas 2:41- 44 y pensar “¿Cómo pudo perder a Jesús?¿Cómo pudieron pasar tres días para que lo encontraran?”.

Muy probablemente habrá gente que se ofenda de que María haya intentado presionar a Jesús a hacer un milagro en las bodas de Caná y quizá un buen número de personas usa este pasaje para presentar a una madre empoderada y que “provocó” el primer milagro de Jesús. La historia de María es una historia controversial que muestra a una mujer imperfecta.

Lo que me encanta de María es que pese a todos los tropiezos que pudo tener su caminar como hija de Dios, en el momento adecuado estuvo dispuesta a dar un paso al costado. María entendió que ella no era la protagonista de la historia y permitió que Jesús la guiara. En las bodas de Caná es ella quien instruye a los siervos a que obedezcan a Jesús, no a ella misma.

María estuvo con Jesús hasta el final, viendo al Salvador entregar su vida en la cruz y allí experimentó la compasión del hijo de Dios que amorosamente pide a Juan que la cuide como a su propia madre (Juan 19:25-27). En el primer capítulo del libro de los Hechos la vemos por última vez en la Biblia, orando con los discipulos después de la asensión de Jesús.

¿Podemos nosotros aprender de esto? No solamente podemos hacerlo sino que ¡deberíamos hacerlo!

Lo que todos necesitamos aprender:

Todos nosotros necesitamos entender nuestra profunda necesidad de Jesús. Si bien María era una mujer piadosa que por gracia de Dios fue elegida para llevar en su vientre al Salvador, también era un ser humano común. Una mujer tan necesitada de la gracia que Jesús trajo a este mundo como nosotros.

Todos necesitamos esa gracia, todos necesitamos dar un paso al costado, entender que Jesús es el protagonista de esta historia que llamamos vida y disfrutar de su cuidado y compasión siendo fieles hasta el último momento porque Jesús es fiel.

En conclusión, si bien María no debe ser considerada una deidad y la Biblia no nos indica en ningún lugar que debemos dirigir a ella nuestras oraciones y súplicas, podemos ver en su vida un gran ejemplo de fe, humildad y fidelidad que podemos imitar.



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