Por mucho tiempo, se ha confundido los términos “cristiano” y discípulo” y muchos creen que están relacionados entre sí: es decir, si eres cristiano, automáticamente te conviertes en discípulo de Jesús. Esta conclusión fuera excelente, si en realidad se cumpliera, pero lamentablemente en la práctica, las cosas no son así.

Claro, ser “cristiano” es pertenecer a Cristo, pero ser realmente un discípulo va MUCHÍSIMO más allá. No es solo “que te interese” el Evangelio, sino que sigas esforzadamente y que te adhieras COMPLETAMENTE  a las enseñanzas de Jesús, haciendo de éstas tus reglas de vida y conducta. Planteándolo así, no suena nada fácil, ¿verdad?

Sinceramente, para los doce discípulos de Jesús fue bastante difícil ser considerados como algo más que simples seguidores del Maestro. De hecho, por eso Jesús les fue claro desde el principio al hacerles saber el costo que tendrían que pagar para seguirlo: “…si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame” (Mateo 16:24).

Y claro que no todos los seguidores fueron capaces de cumplir con semejante compromiso. Hubo muchos que abandonaron a Jesús después de un tiempo… hubo muchos que traicionaron su aparente compromiso. ¿Por qué? Porque tomar la Cruz de Jesús, en realidad, es para LOS VERDADEROS GUERREROS.

Hoy quisiera animarte a que te convirtieras en uno de ellos, a que pasaras esa línea de ser un cristiano más y comiences a ser un discípulo real de Jesús, pero no puedo hacerte este llamado si no te dejo las cosas claras: seguir a Jesús te conducirá a decisiones difíciles, a veces inimaginables, pero una cosa es segura, poner a Jesús por encima de todo será la mejor decisión que habrás tomado en toda tu vida.

Y te cuento cuál es el secreto para seguirlo fielmente, porque claro que todo esto no lo vas a lograr por tus propias fuerzas o capacidades. Jesús le dijo a sus discípulos: “El Espíritu es el que da vida, la carne para nada aprovecha”(Juan 6:63).

Así que ya lo sabes, si tú que me estás leyendo hoy has decidido convertirte en un discípulo real de Jesús, el camino es este: pídele ayuda y déjate respaldar por el Espíritu Santo de Dios, el mejor ayudante que Jesús nos ha dejado.



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