El punto de partida para nuestra consideración de la importancia del descanso y de la justificación del mismo en la vida del pueblo de Dios, y en particular del pastor, es la noción de Dios como creador de todo cuanto existe y al mismo tiempo de su intención de proteger del orden creado.[i] Así, quiero proponer la siguiente declaración: “El Señor nos creó y él quiere que vivamos de tal manera que cuidemos el mundo y nos cuidemos a nosotros mismos”.[ii]

La teología del descanso en el A.T.

Debemos iniciar con la institución del sábado. Es posible que la palabra castellana sábado se derive del término hebreo shabát que significa “cesar, suspender, parar”.[iii] De ahí que sábado significaría “el día en el que cesa todo trabajo”, así el mandato dado por Dios al respecto fue: “seis días trabajarás, y al séptimo descansarás”.

El sábado fue establecido por Dios (Ex. 20:8; 30: 16,17; Dt. 5:12-15) y el propósito de guardar este día se establece con claridad en Ex. 23:12 “”Haz durante seis días todo lo que tengas que hacer, pero descansa el día séptimo, para que descansen también tu buey y tu asno, y recobren sus fuerzas tu esclavo y el extranjero” (DHH).

Nótese el fuerte interés, por parte del Creador, de que sus criaturas pudieran tener un espacio de recuperación física (Dt. 5:14). Este es el reclamo de Jesús ante las autoridades religiosas de sus días cuando les dijo: “el día de reposo fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del día de reposo” (Mrc. 2:27).

Esta oportunidad de recuperación se extendía a la tierra (Lv. 25:4), a los animales y a los esclavos.  Además del año sabático, que se celebraba cada siete años, cada cincuenta tenía lugar el jubileo (Lv. 25:8-10). Se trataba de un año santo (Lv. 25:12) en el que se reconocía la propiedad absoluta de  Yahvé sobre la tierra. El Señor como dueño último de toda la tierra no quería que los terrenos se vendieran a perpetuidad y por tanto durante el jubileo debía ser devueltas a sus propietarios humanos originales (Lv.25:23-24). De igual forma los esclavos eran liberados y la dignidad de la vida humana era colocada sobre los factores  económicos de la sociedad hebrea. Como se puede ver esta institución también desempeñaba un rol de equilibrador social.

Podemos decir que teológicamente la institución del día de reposo tiene dos razones de ser bien definidas: la creación y la redención.

El sábado como celebración de la creación.

Ex. 20:8-11alude al relato de Gn. 1:26-2:3. Es significativo que no se mencione que el séptimo día se componga de una mañana y una tarde, como en el caso de los seis días anteriores. Algunos han interpretado que esto sugiere que el séptimo día nunca terminó, y por tanto el descanso del séptimo día apuntaba hacia un estado permanente e indefinido. Explicación de lo cual será dada en el N.T. lo que estaremos considerando mas tarde.

Así, en los días del AT la institución del Sabbat constituye una señal de la relación de pacto entre Yhwh e Israel (Ex. 31:17) que al mismo tiempo funcionaba como una especie de diezmo del tiempo.

Es muy significativo que en Ex. 31:17 se dice que después de que el Señor crea el universo “descansó y tomó aliento” (B.J.). Sabemos que Dios no se cansa ni se fatiga (Is. 40:28) pero entonces ¿en qué sentido es que el Éxodo dice que él paró su trabajo y tomó un respiro?

Sin pretender explicar los misterios de Dios, se puede decir que  Dios descansó para mostrarnos la importancia de “refrescarnos” por medio del descanso y la reflexión espiritual. Aquellos que están dominados por el pensamiento “el tiempo es dinero” posiblemente verían la posibilidad de suspender las labores por un día como un desperdicio, o como un mal negocio.

El sábado como celebración de la redención.

Después de los 40 años de peregrinaje en el desierto, y en vísperas del ingreso de Israel  a la Tierra Prometida Moisés menciona otra de las razones por las que Israel debería guardar el sábado: la redención (Dt. 5:12-15)

En este sentido, el sábado no solo era un tiempo de descanso y recuperación física sino que debería ser un tiempo de restauración espiritual.  Esto se expresa por medio de la orden de consagrar el día a Yhwh (Ex. 35:2). Lv. 23:3 establece que el sábado era un día de “fiesta solemne” en honor del Señor, en el cual se debía ofrecer ofrendas (Nm. 28:9,10; Lv. 24:5-9; 1Cron. 9.32). De hecho Moisés estableció que en el año sabático se debía enfatizar la enseñanza de la Ley (Dt. 31:10-11).

Con el paso del tiempo, y a partir del cautiverio babilónico, el sistema de sinagogas convirtió el sábado en un día de descanso dedicado a la instrucción bíblica (Mrc. 1:21; 6:2; Lc. 4:16-17; Hch. 13:14,27; 15:21; 17:2; 18:4). Debemos reconocer que a lo largo del proceso histórico del pueblo de Dios los rabinos fueron articulando toda una serie de explicaciones y aplicaciones de la ley del sábado que en algunos momentos se contrapusieron al entendimiento bíblico del Sabath.[iv] De ahí los conflictos que Jesús tuvo con los dirigentes del judaísmo cuando él realizaba un milagro a favor de una persona en día sábado.

En Mrc. 2:23-28 se advierte como, desde la perspectiva de Jesús, la tradición rabínica no era la que debía regir la práctica del día de reposo. El v. 27 establece que es el Hijo del Hombre, el que tiene la autoridad de regularlo. Y para Jesús, lo importante del sábado era proveer el descanso para el ser humano y no crear una institución que se tornara contraria a la vida misma de la persona.

En este sentido debemos considerar el testimonio de Is. 58:13-14, donde leemos:

13“Si retraes del sábado tu pie,

de hacer tu voluntad en mi día santo,

y lo llamas  “delicia”, “santo”,  “glorioso de Jehová”, y lo veneras, no andando en tus propios caminos ni buscando tu voluntad ni hablando tus propias palabras,

14 entonces te deleitarás en Jehová.

Yo te haré subir sobre las alturas de la tierra

y te daré a comer la heredad de tu padre Jacob. La boca de Jehová lo ha hablado”.

Dios siempre quiso que el día de reposo fuera un momento de delicia para su pueblo, es decir un día de alegría (DHH). Por  eso el Sabbat era mucho más que un acto (dejar de trabajar un día). Se trata de una actitud [v] que es consistente con una valoración de la vida: dejar de trabajar un día vale la pena si se piensa en la reconstrucción física y espiritual que la persona recibe al ser libre de descansar [vi] ya que el sábado era un día en el que podía renovar la relación con Dios. De hecho, Isaías vio en la celebración del sábado un vislumbre de lo que sería la salvación gozosa de los gentiles al lado de Israel (Is. 56:6-8).

Por otro lado es significativo que se asocie el Sabbat con el recuerdo de la liberación de la esclavitud en Egipto. La regulación mosaica de que aun los esclavos debían descansar indica con toda claridad una intencionalidad en la institución del día de reposo de favorecer a toda persona sin distingo de género, o de condición social.  ¡El sábado era liberador!

Una teología aplicada del sábado

Al reflexionar en el sentido de la institución del sábado y  la forma en la que este toca la vida del pueblo de Dios, y en particular la vida de los creyentes de hoy, podemos señalar, al menos, tres aspectos significativos.

Guardar el día de reposo expresaba la convicción del creyente de que el tiempo “pertenece al Señor”. Desde el AT se establece que el sábado estaba asociado con la adoración a Dios. Esto se aprecia en pasajes como Nm. 28:9-10; Ezq. 46:4,12; Is. 66:23. Dedicar un día a la semana a dar culto a Dios es una forma de expresar nuestra fe de que nuestro bienestar (personal y familiar) no depende de nuestra capacidad, trabajo duro  ni de nuestra sagacidad para los negocios. En otras palabras es un anuncio de que como creyentes confiamos en la providencia de Dios (Is. 30:15-18).

El Sabbat habla en el AT de la urgente necesidad de redirigir nuestros pensamientos de lo cotidiano a lo trascendente, de la tiranía de lo urgente a lo que realmente es importante. O dicho de una forma más mística: se trata de pasar de estar pensando solo en el pan de cada día para ocuparnos de una “reflexión espiritual profunda”.

Así la institución de un día de reposo dedicado a la reflexión de la palabra de Dios y a adorarlo indica un rendirnos a él y un salto de fe. Recuérdese que el sábado se extendía incluso a la tierra. Aquí se nos permite discernir una sana teología de la tierra. El Creador ama su creación, de ahí que dentro de las estipulaciones del pacto se pide que la tierra descanse (recuperación de nutrientes). Dios es diferente al orden creado (él es trascendente) por lo que la propuesta de la Nueva Era de que Dios es uno con la naturaleza y por tanto que la naturaleza es al mismo tiempo divina no surge de la Biblia ni de la teología cristiana.

Después de haber dicho lo anterior no podemos olvidar que también existe una dimensión escatológica del “día de reposo”. Si no se le toma en cuenta uno puede caer en el error de obligar a los cristianos a guardar “exclusivamente” el sábado. De hecho la iglesia del siglo I se sintió en completa libertad de sustituir el sábado por el día de la resurrección.

Al principio los cristianos asistían los sábados a las sinagogas (Hch. 17:1; 18:26) y en Jerusalén asistían al templo a orar (Hch. 3:1) ¡Esto era normal con una comunidad de judíos files que deseaban de todo corazón honrar a Dios y ver restaurado a su pueblo! De acuerdo con la enseñanza de Jesús, para Dios es más importante la vida del ser humano que la institución del sábado cuando por mantenerlo se menosprecia el valor de la vida y el bienestar de la persona (Mrc. 2:23-28). Sin duda esta sería la semilla que germinaría años más tarde en un nuevo entendimiento del Shabbat.

También tenemos evidencia que los cristianos del siglo I comenzaron a reunirse el primer día de la semana (Hch. 20:7; 1Cor.16:2; Ap. 1:10; Ro. 14:5-6; Ga. 4:8-11; Col.2:16-17; Hch. 15:28-29) esto sin duda en recuerdo y celebración de la resurrección del Señor (Jn. 20:1; Mrc. 16:1,2). Nótese que ellos se reunían para “partir el pan”, una forma de hablar de la Cena del Señor (Hch. 20:7 cf. 1Cor. 11:17-34). Un detalle significativo es que el día de Pentecostés, el Espíritu descendió sobre la iglesia y esto ocurrió un domingo, Hch. 2:1

Ya para la fecha de escritura del último libro de la Biblia, el Apocalipsis, cerca del 95 d.C. se había acuñado la frase “día del Señor” (Ap. 1:10). Posiblemente esto se refiere al primer día de la semana, al que hoy se le llama domingo. Por esta misma fecha un funcionario romano llamado Plinio, en una carta dirigida al emperador Trajano reporta que “los cristianos se reúnen al amanecer en un día determinado para adorar a Cristo. Luego ese mismo día se vuelven a reunir para participar de una cena”[vii].

Justino Mártir (muerto alrededor del 165 d.C.) testifica que la iglesia cristiana de su tiempo se reunía los domingos para leer las Escrituras, tener una exhortación por parte del que preside la reunión y tener tiempo de oración. También celebraban la cena del Señor (Apolog. 1, 67:3-6).

De los líderes de la iglesia del siglo II nos ha quedado el testimonio de que el día del Señor era el nombre que se le dio al primer día de la semana, día en el que se reunían para celebrar  sus cultos.  Así por ejemplo, Ignacio de Antioquía exhorta a los creyentes de Magnesia que vivan “sin observar ya los sábados, sino moldeando sus vidas según el día del Señor” (Ad. Mag. IX.1).

En la Didajé (120 d.C.) se dice que “Cuando os reuniereis en el domingo del Señor, partid el pan, y para que el sacrificio sea puro, dad gracias después de haber confesado vuestros pecados” (14:1). Esto es una evidencia de un cambio muy temprano en cuanto a la costumbre de reunirse el domingo en vez del sábado.

La evidencia bíblica como extra bíblica nos indica que después de la resurrección los primeros cristianos entraron en un proceso en el que se abandonó el sábado como institución, pero se vivió en el espíritu del sábado: el disfrute de la salvación que Dios da a su pueblo en Cristo.

En términos prácticos el día de descanso es una forma de liberarse de la esclavitud del activismo (o de la adicción al trabajo, lo cual sugiere una mentalidad centrada en los logros y el dinero resultante de los mismos) por lo tanto es también una manera de liberarnos de la ansiedad. El  Sal. 37: 1-11 tiene mucho que decir al respecto. El creyente que entiende los principios de este salmo es el que logra vivir de acuerdo con Mt. 6:25-34, y esto porque él o ella confía que “el amado de Jehová habitará confiado cerca de él…y entre sus hombros morará” (Dt.33:12).

Ahora bien, tal libertad es a la vez una participación de la obra salvífica de Dios ya que a la luz del Nuevo Testamento, como ya mencionara, el Sabbat era desde los día de Moisés un anuncio de la salvación que Dios traería por medio del descendiente de la mujer que aplastaría la cabeza de la serpiente (Gn. 3:15).  Por esto en la sinagoga de Nazaret, Jesús al leer el texto de Is. 66, anuncio que  la oferta de Dios del “año agradable del Señor”, es decir del año sabático del Señor, ahora estaba disponible para todos por medio de él (Lc. 4:16-22).

En este sentido, cada vez que la comunidad judía guardaba el Sabbat, sin darse cuenta estaba anunciando la salvación que sería otorgada por medio de la obra de Cristo en la cruz. Es por eso que si un ser humano se vuelve en fe a Jesucristo entra en el reposo de Dios, es decir en el Sabbat de Dios. Solo que este Sabbat no se refiere ya solo al séptimo día, sino que se refiere a la experiencia diaria de la salvación.

Que el sábado estaba asociado con la salvación escatológica queda claro a  la luz de Is. 56:13-14 y de Is. 66:23. Y sobre todo de lo dicho en Heb. 4:1-11 y en la visión del Ap. 14:13. Cuando Pablo afirmó “he aquí el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación” (2Cor. 6:2) es posible que aluda a esta comprensión del sábado.

Tanto la evidencia del Nuevo Testamento como la de los escritos de los Padres de la Iglesia nos permite afirmar que el creyente en Cristo no está obligado a guardar el séptimo día (como lo afirman los grupos sabatistas) y que por lo tanto no hay nada malo en congregarnos el domingo (del latín día del Señor)

Conclusión:

El sábado fue establecido por Dios como una institución  que serviría como instrumento histórico de bendición y equilibrio social en Israel y a la vez como anuncio profético de la salvación que traería Jesucristo.          Como creyentes cometería un error si nos aferráramos al mandato de guardar el séptimo día pues la gracia de Dios nos ha redimido de los aspectos rituales de la Ley. Pero por otro lado, negar la necesidad de un espacio para descansar y poder adorar a Dios sería de igual manera un error.


[i] A esto se le llama en teología la providencia de Dios. Véase Gn. 1:1; Jer. 27:5; Ap. 4:11.

[ii] La vocación del ser humano en el Edén era “cultivar la tierra” (Gn. 2:5b). En la época de Moisés Dios les dará leyes precisas en cuanto al descanso de la tierra

[iii] J. C. McCann, Jr., Sabbath, en International Standard Bible Encyclopedia vol. IV, p.247.  La palabra sabbat aparece también en una forma extendida sabbátón para designar ciertos días de fiesta y de reposo que no necesariamente caían en el séptimo día. Cf. R. de Vaux, Instituciones del Antiguo Testamento. Barcelona: Ed. Herder, 1985, p.599.

[iv] El libro conocido como La Misná recoge las tradiciones rábinicas que recopilara Rabí Yehudá alrededordel 200 d.C. El tema del sábado aparece en: Shab 1:10; 2:7; 1:5,6,9; Erub 4:1,5,7,11;2:3; 10:4.  Es muy significativolo que dice Erub 4:3, hablando de la distancia permitida en día sábado se dice “Todo el que haya salido por razón de salvar (a otro), puede volver a su lugar”.

[v] Cf. Comentario del contexto cultural de la Biblia: Antiguo Testamento.  John H. Walton, et al, ed., El Paso: Ed. Mundo Hispano, 2004, p. 115

[vi] Como tal, el sábado era una fiesta jubilosa, pero que si no iba aparejada de una vida recta delante del Señor, a éste no le agradaría que se celebrara (Is. 1:13).

[vii] Cf. Carta a Trajano X.96.7. Citado por  D.K. Lowery, Lord´s Day, en: Evangelical Dictionary of Theology. Walt. Elwell, ed. 1984, p. 649.



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