Como pastor, preparar el sermón del domingo es una de las responsabilidades semanales más importantes que tengo. Como pastor bivocacional, uno de los retos más grandes que tengo es encontrar el tiempo para cumplir con mis responsabilidades laborales, pasar tiempo con la familia, administrar asuntos de la iglesia, aconsejar a los hermanos, preparar un estudio bíblico, visitar a un enfermo, y estudiar diligentemente el texto que predicaré. 

La predicación es uno de los medios principales por los cuales cumplo mi llamado a pastorear.

Con tantas ocupaciones, una de las tentaciones que tengo (y estoy seguro de que muchos otros pastores estarán en una situación similar) es sacrificar mi tiempo de estudio y preparación para el sermón. Sin embargo, recuerdo constantemente que la predicación es uno de los medios principales por los cuales cumplo mi llamado a pastorear. El sermón dominical, por diseño de Dios, tiene algunas ventajas significativas sobre otros aspectos del ministerio. Durante ese tiempo tengo la atención de la gran mayoría de la congregación, y por medio del mensaje de la Palabra es posible exhortar, desafiar, aconsejar, consolar, y animar a los hermanos. 

Trágicamente, esa magnífica oportunidad a veces se desaprovecha debido a sermones que no dan en el blanco. Durante mi vida como creyente he escuchado cientos de sermones, miles, incluso, y una gran cantidad de ellos han sido de tremendo impacto en mi vida. Pero debo admitir que otros los he sentido como una oportunidad desperdiciada. Muchas veces eso se debe a la falta de preparación del predicador.

Es por eso que busco ser diligente en mi tiempo de preparación y estudio. Sin embargo, quizás habrá alguien que todavía se pregunte si vale la pena pasar tiempo significativo de la semana estudiando un pasaje y preparando un bosquejo, sobre todo ante la presión de tiempo que muchos de nosotros tenemos. Me gustaría dar varias razones por las cuales creo que es indispensable estudiar la Palabra para predicar. En otras palabras, quisiera responder a la pregunta: ¿por qué debo estudiar con diligencia las Escrituras para predicar con efectividad?

1. Porque predicar es un llamado santo

Tenemos que comenzar aquí: con el llamado de Dios. Esto es una pregunta que debemos hacernos: ¿cuál es la opinión de Dios sobre la predicación? Lo que encontramos en las Escrituras es que Dios considera la predicación como uno de los medios principales por los cuales Él lleva a cabo sus propósitos eternos. Por ejemplo, en una de las secciones más solemnes de toda la Biblia, el apóstol Pablo le dice a su discípulo Timoteo:

Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino, que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina (2 Timoteo 4:1–2, RVR60). 

La palabra “encarezco”, del griego diamarturomai, significa “exhortar con autoridad en cuestiones de importancia extraordinaria”.1 Para el apóstol Pablo, la predicación no es una charla motivacional, no es una plática cualquiera. Más bien, es una cuestión de vida o muerte. De hecho, instar a tiempo y fuera de tiempo, redargüir, reprender, y exhortar, todas esas instrucciones fluyen del encargo a predicar la Palabra. Es por medio de la Palabra de Dios que podemos ministrar con efectividad al pueblo de Dios en sus diversas necesidades. 

No olvidemos también que “agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación” (1 Cor. 1:21). Haremos bien en recordar eso, sobre todo en un tiempo en el que muchas personas en la iglesia opinan que la predicación ya no es tan relevante como lo era antes. “Si queremos evangelizar a los perdidos —muchos dicen—, “debemos hacerlo con métodos novedosos, con cosas que llamen la atención”. Pero ese pensamiento no es nada nuevo. Ya los tiempos del apóstol Pablo él escribió que “los judíos piden señales, y los griegos buscan sabiduría” (1 Cor. 1:22). La naturaleza humana busca acercarse a Dios a su manera, en formas que le gusten. Pero Dios ha decidido hacer las cosas diferente; dijo Pablo: “pero nosotros predicamos a Cristo crucificado” (1 Cor. 1:23).

Dios considera la predicación como uno de los medios principales por los cuales Él lleva a cabo sus propósitos eternos.

Predicar, entonces, es un llamado santo. Es el medio por el cual Dios salva a los pecadores. La predicación, entonces, es indispensable, y por lo tanto debo estudiarla diligentemente. Quisiera hablar de una segunda razón por la cual debemos pasar tiempo serio estudiando la Biblia para predicar.

2. Porque la Biblia es la Palabra de Dios

Si le preguntas al evangélico promedio si cree que la Biblia es la palabra de Dios, te dirá que sí. Prácticamente todos los pastores que conozco tienen un amor por la Biblia, y están convencidos de que ella es la mismísima palabra de Dios. ¿Por qué, entonces, pasamos tan poco tiempo en ella durante las reuniones de la iglesia? Hablamos mucho sobre ella, pero pasamos muy poco tiempo leyéndola, estudiándola, escudriñándola.

Ya el salmista tenía una profunda convicción de la naturaleza sobrenatural de la Palabra cuando escribió: “Para siempre, oh Señor, tu palabra está firme en los cielos” (Sal. 119:89, NBLA). Nuestro Señor Jesucristo, revelando también su firme creencia en la palabra de Dios, declaró: “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad” (Juan 17:17, RVR60). No olvidemos que en medio de la tentación, Jesucristo usó la Escritura como poderosa arma en contra de Satanás (cf. Mat. 4:1‐11). Debemos tener una convicción profunda de la naturaleza sobrenatural de la Escritura, al igual que el autor de Hebreos:

Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que cualquier espada de dos filos. Penetra hasta la división del alma y del espíritu, de las coyunturas y los tuétanos, y es poderosa para discernir los pensamientos y las intenciones del corazón. No hay cosa creada oculta a Su vista, sino que todas las cosas están al descubierto y desnudas ante los ojos de Aquel a quien tenemos que dar cuenta (Hebreos 4:12–13, NBLA).

Sí, cuando somos enfrentados a la Palabra de Dios, somos puestos al descubierto y desnudos, porque ella es como una espada que entra a lo más profundo de nuestro ser. El día de hoy diríamos que es como un láser que hace cirugía de nuestra alma. Por lo tanto, debemos tratar la Biblia como lo que es: la santa Palabra de Dios. Ese texto sagrado merece nuestro estudio cuidadoso si queremos exponerlo con efectividad al pueblo de Dios. Lo cual me lleva una tercera razón…

3. Porque la interpretación correcta requiere estudio profundo

Quiero dejar en claro que firmemente creo que la guía del Espíritu Santo es indispensable para predicar correctamente. Sin la iluminación del Espíritu, sin el poder que viene de Él, incluso el sermón mejor estudiado no causará un impacto profundo ni un cambio duradero en los corazones de los oyentes.

“La guía del Espíritu Santo es indispensable para predicar correctamente”

Por otro lado, también creo que es un error hacer a un lado el estudio diligente de la Escritura con el pensamiento de que “el Espíritu me guía”. Sí, el Espíritu nos guía, pero Su guía viene también por medio de la diligencia. A Dios no le agrada una persona que por flojera, por indiferencia, o por cualquier otra razón, hace menos la importancia de escudriñar la Biblia. 

Cuando algunos judíos atacaron a Jesucristo por su doctrina, por decir que era el Hijo de Dios, nuestro Señor respondió: “Escudriñáis las Escrituras, porque os parece que en ellas tenéis vida eterna, y ellas son las que dan testimonio de mí” (Juan 5:39,). Jesucristo no está minimizando la importancia de escudriñar, sino todo lo contrario. Si queremos encontrar los tesoros de la Biblia, debemos buscar, debemos escudriñar, debemos profundizar. 

Estoy seguro de que todo pastor quiere ser fiel al Buen Pastor. Pues bien, una de las maneras en las que demostramos nuestra fidelidad es por medio de la interpretación correcta, del manejo adecuado de la Biblia. Así lo dijo Pablo: “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que maneja con precisión la palabra de verdad” (2 Tim. 2:15, NBLA). “Pablo”, escriben los eruditos Lea y Griffin Jr. en el Nuevo Comentario Americano, “estaba instando a su amigo cristiano a trabajar con tal diligencia que no tuviera miedo de la vergüenza por un trabajo de mala calidad”. Si queremos interpretar correctamente, debemos estudiar profundamente, debemos “manejar con precisión la palabra de verdad”. 

Esa es una de las razones por las cuales uso el Software Bíblico Logos para preparar todas mis clases, estudios bíblicos, y sermones. Quiero usar mi tiempo bien, y para hacerlo, necesito tener a mi disposición las mejores herramientas que hay. Por medio de Logos puedo estudiar palabras en sus idiomas originales, leer comentarios exegéticos, consultar líneas de tiempo, incluso verificar información histórica y arqueológica. ¡Quiero manejar con precisión la Palabra!

4. Porque los errores de interpretación ponen en peligro el alma

Hace poco un amigo me envió un video de un pastor prominente que algunos años atrás renunció a una doctrina fundamental de la fe cristiana. Me sorprendió y me llenó de tristeza. No pude evitar pensar en todas aquellas personas que, por medio de ese video y otros, están siendo alejadas de la doctrina bíblica.

Hoy más que nunca, las ovejas tienen un mar de información a un clic de distancia. Eso es una gran bendición, pero también puede ser un peligro. El pueblo de Dios, si no es enseñado correctamente, fácilmente se desvía de la sana doctrina para seguir falsas enseñanzas.

Los errores doctrinales no son poca cosa. Son un peligro para el alma. Los escritores del Nuevo Testamento fueron diligentes en advertir a los creyentes sobre los peligros del desvío doctrinal. Pablo, por ejemplo, advierte a los corintios de los falsos apóstoles (2 Cor. 11), y a los gálatas sobre la herejía de los judaizantes (Gál. 3). Juan, en sus cartas, advierte sobre la herejía gnóstica (cf. 2 Jn. 7). Pedro, por su parte, suena la alarma con respecto a los falsos profetas (2 Ped. 2). Eso solo son algunos de muchos otros ejemplos.

Los errores de interpretación ponen en peligro el alma porque pueden ser enseñanzas que van contrarias al corazón del evangelio.

Los errores de interpretación ponen en peligro el alma porque pueden ser enseñanzas que van contrarias al corazón del evangelio. Desviaciones de ese tipo ponen en riesgo el desarrollo espiritual de las ovejas, y en casos extremos (como con las herejías), pueden desviar a una persona hacia la condenación eterna. Una de las maneras en las que el pastor protege a su rebaño es al escudriñar e interpretar correctamente las Sagradas Escrituras. De esa manera, podrá enseñar y dirigir a su rebaño por el camino correcto. Esa es una labor de extrema importancia el día de hoy, puesto que la iglesia recibe ataques por todos lados.

¡Qué gran privilegio tenemos aquellos que exponemos con regularidad la Palabra de Dios! Predicar la Escritura es un llamado alto y santo, el cual debemos tomar con absoluta seriedad. Demos gracias a Dios por los diversos recursos que tenemos a nuestra disposición, los cuales nos ayudan a profundizar en nuestro estudio de las Escrituras. Que Dios nos dé de su gracia para seguir haciéndolo con reverencia y pasión.

 



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