Cuando los hombres construyeron la torre de Babel estaban orgullosos de sus logros y avances tecnológicos; ya usaban ladrillos en vez de piedras y asfalto en lugar de mezcla. “Somos tan increíbles que vamos a hacer una torre que llegue hasta el cielo y nadie podrá contra nosotros”, se dijeron unos a otros… ¡nuestro mundo actual es tan similar a ellos!

Me parece interesante que con todos los avances tecnológicos, médicos, científicos, llegamos a las mismas conclusiones: “saquemos a Dios de la ecuación”, “nosotros podemos solos”, “no necesitamos a nadie más”.

A pesar de los grandes esfuerzos de aquellos hombres en Babel y su ejemplar orgullo, me parece interesante cómo el autor del Génesis hace referencia a Dios: “Pero el Señor bajó para observar la ciudad y la torre que los hombres estaban construyendo”. Ellos pensaban que habían alcanzado el cielo, que estaban construyendo lo más alto y sin embargo Dios “tiene que bajar” para ver su torrecita. ¡Ese es el tamaño de nuestro Dios!

Dejemos nuestro orgullo de lado y reconozcamos nuestra necesidad de Dios, “Él me afirma en las alturas” (Salmo 18:33).

Publicado en La Paz de Cristo por Jorge A. Salazar



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